Vrindavana: Ultimo día

Puse mis pies en esta tierra. No hacen falta alardes egoistas por haber ido a Vrindavana.

En mi niñez cuando mis padres eran solamente devotos Hare Krisna de a pie, a mi me era practicamente imposible pensar en venir a Vrindavana. Por supuesto que los “lideres” practicamente cada año no faltaban a su cita con la India. Por supuesto que los hijos de los “lideres” tambien estaban en India. Los demas hijos de los devotos no podiamos ni siquiera pensar en ir ni en el sueño mas alterado. Justicia y misericordia a mas no poder. Se sentian “lideres superiores”, ellos ¡sabian ingles!, se movian por el mundo, iban a Vrindavana frecuentemente, viajeros frecuentes hasta con ¡boletos de regalo!, a costa de los devotos que se quedaban aca, trabajando como asnos. Pero ellos eran superiores, se lo merecian. Encumbrados en la cima del “exito” creian que avance espiritual estaba directa y proporcionalmente relacionado con cuantas veces ibas a “Vrindavana”, por cuantas veces estabas “cerca” de tu maestro espiritual, por cuantas veces “dirigias” un templo “exitoso”.

En esos años los templos Hare Krisna recibian carros de dinero, cientos de sankirtaneros vendian cientos de miles de libros en las calles. Mexico fue varias veces campeon mundial de sankirtan. Los gastos de viaticos para los viajes de los “lideres” debieron ser muy generosos. Pero solo ellos hiban, nosotros… eramos demasiados caidos. Y era algo que se aseguraban de que nos quedara totalmente claro.

Esta mañana nos vamos de Vrindavana. Deberia estar triste, pero no lo estoy. Estoy aliviado, se que no merezco estar aqui, soy un cerdo, soy el diablo, las capas de mi olvido de Krisna son tan gruesas que en la misma tierra de Vrindavana… simplemente, no puedo rendirme. El miedo me embarga. Justifico todo con argumentos llenos de una contaminacion brutal. Estoy aqui por los devotos, estoy recibiendo esta oportunidad por los devotos, estoy postrado por los devotos. Tengo alguna esperanza por la misericordia de los devotos.

La mañana esta hermosa, a lo lejos se oyen los graznidos caracteristicos de los pavoreales. El sol brillante entra por la ventana de nuestro cuarto, salimos a las 8 de la mañana, las maletas estan casi listas. Bajo rapidamente y tomo algunas fotos mas. Los macacos siempre vigilantes sobre las ramas y las paredes. A mi izquierda hay un templo pequeñito que las veinticuatro horas del dia resuena en los canticos de alabanza a Krisna. En las bardas estan los pavoreales que balancean sus graciles plumas que indican lo trascendental de este lugar. El cielo esta claro, el calor esta tenue a esta hora, pero anuncia mas calor para lo que sigue del dia. Estamos esperando al taxista, Gopal das, un gran chofer con un mejor precio e inmejorable atencion.

Nos vamos de Vrindavana. Queda atras el sagrado rio Yamuna, los deliciosos lassis de afuera del templo de Banke Bihari, las calles abarrotadas y bulliciosas, las hordas de sadhus caminando por las callejuelas. Los camellos que de pronto aparecen en alguna esquina. Las rickshaws que por centimetros todos los dias evitan catastrofes en las carreteras. Las hermosas vacas que vagan sin rumbo. Las famosas Vrindavan-sodas infaltables, el Loi Bazar y su ejercito de vendedores voraces, el sol aplomo a mediodia. Los caminos de Vrindavana, las polvaredas, los amagos de tormenta, los rios de templos, las caras felices, los puercos felices tirados a la orilla de las calles, los niños desnudos por todos lados, los kirtanas que se entremezclan por todos lados, los olores de incienso, mantequilla, estiercol de vaca que hacen un solo olor magico de Vrindavana. Tambien los caños huelen, los claxons que no paran. Dias felices en Vrindavana. Hoy ya vine con Ruth y me sorprende su actitud. Ayer Srila Prabhupada me trajo, hoy tambien vengo con el Guardian de la devocion: Sridhara Maharaja, hoy me trae Bhakti Pramoda Puri Maharaja, hoy Narasingha Maharaja nos cuida y nos da la guia para una actitud de servicio correcta, hoy venimos con los mejores deseos de los devotos maravillosos de Govindaji Gardens y estamos agradecidos.

Ya llego el taxi, es un ambassador clasico herencia de los ingleses pero que se ve en muy buenas condiciones. La enorme sonrisa de Gopal das me da la confianza. Subimos la maletas, nos despedimos de la gente del hotel y nuestro pies ya no tocan esta tierra, nos subimos al taxi. Estamos en silencio, voltea a ambos lados y miro al frente. Una callecita de piedra y tomamos la ruta del parikrama, una vuelta a la derecha y se abre el Bhaktivedhanta Swami Marg. Nos vamos de Vrindavana. Se rompen los horizontes. Ya quiero regresar. ¡Sri Vrindavana Dhama Ki Jay!

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